Calles y Sones de La Habana

Texto: Santiago Bullard  / Fotos: Arturo Bullard

Nunca es fácil hablar de La Habana. Sin embargo, creo que la mejor forma de empezar a hacerlo es diciendo que se trata de una ciudad poblada de contradicciones. Las huellas de su pasado colonial, el recuerdo de la revolución y las marcas de su actualidad política conviven en cada una de sus calles. Las cuales, por cierto, se encuentran en permanente movimiento, al punto que es difícil imaginar una ciudad tan cargada de vitalidad como ésta.

Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en La Habana es su música. Cuando visité esta ciudad tuve la oportunidad de conocerla a profundidad, desde los barrios turísticos hasta los más recónditos y populares, y lo que más me llamó la atención en todos ellos fue el inacabable torrente de ritmos y sonidos que la habita.

Los músicos callejeros hacen vibrar a la ciudad de La Habana a ritmo de sones y rumbas tradicionales.

Conjuntos musicales se pasean por los bares tocando clásicos cubanos (“Lágrimas negras”, “Dos gardenias”, “Son de la loma” y tantos otros), trombonistas ensayan sus melodías en los malecones, percusión y guitarras suenan en callejones, y desde más un portal llega el golpeteo sincopado de las claves, pequeños bastoncillos de madera que producen un sonido característico cuando se los hace chocar entre sí. Aquí, la música es, a un mismo tiempo, protagonista y telón de fondo.

La Ciudad en el Tiempo

Llegué a Cuba a mediados del año 2011, después de un largo vuelo sobre las aguas del Caribe. Vista desde el cielo, la isla es como un gran manto de colores brillantes: campos y parcelas rodeadas de bosques, entre los que puede verse desperdigados, aquí y allá, pueblos y ciudades pequeñas. Cuando finalmente aterrizamos en la capital y pudimos abandonar el avión, una fuerte ola de calor y humedad nos golpeó de lleno. “Aquí sólo existen dos estaciones: verano e infierno”, me diría poco después un habitante de La Habana, entre risas, mientras compartíamos una ronda en uno de los bares cercanos al hotel en el que me hospedaba.

Imponentes y bellos edificios coloniales adornan parte de La Habana

La Habana, como ciudad, ofrece algunos de los escenarios urbanos más impresionantes de toda Latinoamérica. Sus edificios, la mayor parte de los cuales datan de tiempos de la Colonia, son altos e imponentes, a pesar de que muchos de ellos se encuentren semiderruidos. Esto es algo que puede percibirse incluso en La Habana Vieja, ya sea que recorras sus diversos puntos de interés, o que camines a lo largo de la famosa Calle 23, que desemboca en el malecón.

Aunque se trate del distrito más turístico de la ciudad, es innegable que La Habana Vieja posee un encanto único. Allí se encuentran muchos de los edificios más famosos de la capital cubana, como los son el Capitolio, la Catedral, el Palacio del Gobernador o el Museo de la Revolución. También se encuentran allí la Plaza Vieja y la Plaza de San Francisco, dos puntos cruciales para cualquier viajero que pase por esta isla. Hay, sin embargo, algunas construcciones que llamaron aún más mi atención, no solo por su descomunal tamaño, sino también por lo relativamente poco que se habla de ellos fuera de los límites de la isla: me refiero a las fortalezas.

El Castillo del Morro, una construcción que data del siglo XVI, fue construido por los españoles para defender a la ciudad del asalto de piratas e invasores.

Las fortalezas de La Habana son imponentes construcciones de origen colonial, y fueron levantados en torno a la bahía de la ciudad para defenderla del posible ataque de piratas e invasores. Una de ellas es el llamado Castillo de la Real Fuerza de La Habana, que se empezó a construir hacia 1558. Aunque no es tan grande o espectacular como las otras, fue la primera que se construyó, y es su techo se puede ver una escultura de bronce llamada La Giraldilla, que se ha convertido en un símbolo de la ciudad.

Mucho más imponente es el llamado Castillo del Morro: una formidable fortaleza de piedra, construida sobre una de las peñas que vigila el acceso a la bahía. Data de las últimas décadas del siglo XVI, y sus enormes recintos funcionan como una suerte de museo del sitio. Finalmente, está la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, el complejo militar más grande de cuantos los españoles construyeron ya no solo en la isla, sino también en toda América.

En tiempos de la Colonia, esta fortaleza era la base de las mejores unidades del ejército español en Cuba, y el propio José Martí estuvo prisionero en ella. Ya en el siglo XX, tras el triunfo de la Revolución, se convirtió en el hogar y sede de la Comandancia de Ernesto “Ché” Guevara, quien permaneció al mando de la misma hasta finales de 1959. Hoy en día, acoge importantes eventos culturales (como la Feria Internacional del Libro de La Habana), y cada noche, a las 9:00, se celebra dentro de sus muros la Ceremonia del Cañonazo, en el que se escenifica el disparo del cañón que anunciaba el cierre de las puertas de la ciudad en tiempos en que ésta se encontraba bajo el poder de España.

Estatua de Hemingway dentro del famoso bar La Floridita

Finalmente, es imposible hablar de La Habana Vieja sin mencionar sus bares. Los más famosos, sin lugar a dudas, son los dos que inmortalizó Ernest Hemingway: el Floridita (en el que el escritor americano creó, junto a su dueño, el daiquiri) y La Bodeguita del Medio, famoso por sus mojitos, así como por haber sido el punto de reunión de numerosos poetas y músicos. Sin embargo, es imposible conocer a fondo una ciudad si no se abandonan los circuitos tradicionales: las callejuelas de La Habana están pobladas de bares, muchos de ellos pequeños y oscuros, en los que se preparan, sin embargo, algunos de los mejores tragos en la zona.

El Otro Rostro de la Ciudad

Más allá de todo lo dicho hasta aquí, La Habana tiene muchos otros rostros. Los barrios más populares de La Habana, en ese sentido, vibra con una energía muy distinta. Es cuando uno los recorre que capta el aroma de las novelas de Pedro Juan Gutiérrez, por poner un ejemplo. Pero no encontrará recorridos turísticos que lo lleven allí: lo mejor es contratar los servicios de algún taxista local que conozca la zona.

Barrio popular dentro de La Habana Vieja

Las vistas de estos barrios son igualmente impresionantes. Ellos, además, albergan muchas cantinas y restaurantes en el que se pude captar un ambiente totalmente distinto al que existe en las zonas turísticas. La gente, por lo demás, tiende a ser sumamente amable, y vale la pena caminar por sus calles y visitar sus parques y plazas.

La Habana, como dije antes, es una ciudad poblada de contradicciones. Las cuales, por cierto, calan enseguida en el pecho de cualquier observador atento. Y sus calles, ciertamente, nunca descansan. Pero, como escribió Pedro Juan Gutiérrez, “quien logra el reposo en equilibrio está demasiado cerca de Dios para ser artista”.

Dominó femiliar en las calles de La Habana

 

By |2018-12-28T19:05:29-05:00septiembre 3rd, 2017|0 Comments
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